sábado, 30 de abril de 2011

Peregrino del Amor



Cuánto me emocioné al oír tu voz,
cuánto lloré al leer lo que nos escribiste.
Predicaste con tu vida e hiciste a la Iglesia así crecer,
el mundo te dio persecuciones y Dios te dio consuelo.
Tu amor embriagó el mundo
que hizo a tantos jóvenes sumergirse más profundo.

Eres Peregrino del Amor,
buscaste a los jóvenes con tanto ardor,
nadie jamás anduvo por tantas tierras
ni llevó la paz a tantas guerras.
Intentaron hasta callar tu voz,
en cambio (respuesta) no revelaste el Cielo a nosotros,
un mendigo de mi Señor,
por eso yo te sigo
Peregrino del Amor.

Viendo tu agonía sólo puedo imaginar
que la propia Virgen María te vino a buscar,
y los los ángeles te llevó al lugar más lindo
y todos los santos allá te estaban esperando.
Fue por haber buscando a tantos jóvenes
que en tu pascua la juventud vino a vos.

Eres Peregrino del Amor,
buscaste a los jóvenes con tanto ardor,
nadie jamás anduvo por tantas tierras
ni llevó la paz a tantas guerras.
Intentaron hasta callar tu voz,
en cambio (respuesta) no revelaste el Cielo a nosotros,
un mendigo de mi Señor,
por eso yo te sigo
Peregrino del Amor.

Tan grande era la fuerza de verte
que hasta los malos vinieron y te buscaron también.

Eres Peregrino del Amor,
buscaste a los jóvenes con tanto ardor,
de tus flaquezas no hiciste un secreto
y diste la orden para que no tengamos miedo,
la fe no está en el cuerpo que se inclina
sino que está en el alma de quien cree,
yo creo que eres nuestro intercesor
por eso yo te sigo
Peregrino del Amor.

domingo, 24 de abril de 2011

Tiempo

Mientras esperaba mi turno para el sacramento de la Reconciliación (bendito sea), veía con admiración a una viejita (venerable señora de muchos, muchos años) rezando el Vía Crucis.
Lo primero que pensé, egoísta, es "¿querrá también confesarse? Yo llegué antes, pero si ella quiere, la voy a tener que dejar pasar".
Después me di cuenta de que no se quería colar en la fila, aunque, paulatinamente, dejó de molestarme la idea de cederle mi lugar. La devoción de su rezo, el esfuerzo de seguir de pie en cada estación pese a que desplazarse le demandaba un importante esfuerzo, el deseo de estar ahí, todo eso me admiró de esta abuelita.
No la conozco, creo haberla visto alguna vez (yo no estaba en mi parroquia, sino en la siempre anónima catedral), pero me llamó mucho la atención su presencia. No sé por qué (no es la primera vez que veo a un anciano rezar) pero me dio la impresión de que la movía la necesidad de alcanzar la salvación, de jugarse sus últimas fichas porque la vida, más temprano que tarde, se le irá, y esto último no es cruel ni crudo sino meramente descriptivo.
Me puse a pensar en mí, en mis amigos, en las personas, todas. Creemos que hay tiempo, que tenemos tiempo, que podemos estirar nuestros momentos.
Y la verdad es que no sabemos cuando se terminará todo, cuando nos apagarán la luz y nos pedirán cuentas. Tengo 27 años, podría tener 10 menos o 30 más y la situación sería la misma.
No hay tiempo. Al menos no lo sabemos. El mañana podría no llegar, la vida se nos podría pasar por delante sin que lo supiéramos.
No hay tiempo. Un día lejos de Dios podría ser el último.
No hay tiempo. Postergar las cosas (todas, pero principalmente las que tienen que ver con nuestra relación con Dios) es un riesgo enorme, porque, en el fondo, no depende de nuestra voluntad.
No hay tiempo. Dios es pasado, presente y futuro; nosotros, sólo Él sabe.
No hay tiempo. Pero siempre estamos a tiempo.

lunes, 4 de abril de 2011

Dificultad

¿Y si resulta que no sé qué quiero, adónde voy, cuál es mi destino, qué tengo que hacer para lograrlo? ¿Y si no sé si los pasos dados conducen hacia donde quiero ir o debía mantener mi status anterior?


Quiero confiar, quiero creer que obré bien, que el dolor fue necesario, que se evitaron males mayores, que dio pasos hacia delante y que adelante está lo que es mejor para mí.

Tanto dudo que, aunque sé que es lo mejor, me cuesta ponerlo todo en manos del Señor. No que no quiero hacerlo, sino que me resulta difícil, demasiado.

Dame fe, dame fortaleza, sacame los miedos, ayudame a afrontarlos, líbrame de dudas inconducentes, de temores accesorios, iluminá mi mente y mi corazón para discernir cuándo sos Vos el que habla en mi consciencia y cuándo es el otro el que se aprovecha de mis debilidades.

Aumentá mi fe.

jueves, 3 de marzo de 2011

El valor del camino

¡Cuánto de cierto hay en que Dios no nos pone pruebas que estén por encima de nuestra capacidad de afrontarlas! Cada cosa que hemos atravesado deja su huella y nos define. Cinco o seis años atrás, una circunstancia similar me hubiese predispuesto a hacer locuras. Hoy lo acepto, sé que cuento con Él.

jueves, 10 de febrero de 2011

Experiencias

Los rostros, los momentos, las vivencias, los colores, las distancias, los gestos son como los recordamos, no como nos lo muestran las fotos.

martes, 1 de febrero de 2011

Orar cuando todo es oscuro

Bellísima canción, conocida y con una letra muy profunda.



Cada noche rezo
con la esperanza de que hay un cielo,
pero cada día estoy más confundido
mientras los santos se vuelven pecadores.
Todos los héroes y leyendas que conocí de niño
se han vuelto ídolos de barro
y siento este vacío en mi interior,
tan asustado que he perdido mi fe.

Mostrame el camino, mostrame el camino,
llevame esta noche
al río y quitame las ilusiones.
Mostrame el camino.

Y mientras lentamente me duermo
por un momento los sueños son sagrados.
Cierro mis ojos y conozco allí la paz
en un mundo tan lleno de odio.
Entonces despierto cada mañana y enciendo las noticias
para encontrar cuán lejos tenemos que ir
y sigo esperando una señal
tan asustado que simplemente no entenderé.

Mostrame el camino, mostrame el camino,
llevame esta noche
a la montaña y librame de mi confusión.

Y si veo una luz, ¿debo creer?
Decime cómo sabré.

Mostrame el camino, mostrame el camino,
llevame esta noche
al río y quitame las ilusiones.
Mostrame el camino, mostrame el camino,
dame la fuerza y el coraje para creer
que lo conseguiré algún día,
y, por favor, mostrame el camino.

Cada noche rezo
con la esperanza de que hay un cielo.

Nota: traducción casi a ojo; "wash away" es "sacar, quitar", e "illusion" no tiene el mismo sentido que en castellano; el cantante-compositor es católico devoto según whiskypedia(?), creo que juega con "lavar" (wash) y con la invocación "the lamb of God who takes away the sins of the world"

martes, 25 de enero de 2011

De ciertos desiertos

No me erijo como ejemplo de nada, no soy palabra autorizada para dar consejos. Tengo, sí, una vida en la que la presencia del Señor hizo maravillas y al menos yo me doy cuenta de ello.

Tampoco he tenido en estos años la constancia que hubiese deseado ni he practicado todo lo que creo. Mi vida cristiana no es ejemplar ni para imitar.

Pero quiero compartir algo que a muchos les habrá pasado.

Ya hace siete años que Jesús empezó a cambiarme el corazón y, con ello, la vida entera. Fue paulatino, yo creía en Él pero no lo sentía, no lo vivía. Hasta que comencé a experimentar su presencia, empecé a notar los cambios que se producen cuando se le abre las puertas e inicié una especie de idilio con Jesús.

Por supuesto, el crecimiento se dio también de a poco, pero viví por entonces una sensación que, un par de años después, desapareció. El pensamiento pasó a ser: “Yo creo en Dios, lo necesito, no puedo ocultar las maravillas que hizo en mí, pero ya no lo siento como antes, ¿qué pasa? Hice algunas cosas mal, pero cuando volví a Él, las cosas no fueron iguales”.

Desierto.

Momento difícil, en el que se sabe que el camino es firme y que la promesa está del otro lado, pero no se experimenta el sentimiento sobrecogedor del primer momento.

Tardé en notarlo, quise ignorarlo, lo acepté, aprendí a respetarlo, pero la nostalgia seguía presente.

Hoy, un buen tiempo después, con muchísima agua que ha pasado bajo el puente, con contradicciones, con caídas y levantadas, con la certeza del amor de Dios y de la compañía inseparable de María, creo/supongo/espero haberme sobrepuesto.

No sé si esto que pisan mis pies todavía es arena, comprendo que las lluvias ya no serán igual de copiosas y prolongadas como en el tiempo anhelado, sé que debo aprender a conservar la bendición húmeda en mi corazón por más tiempo.

Te agradezco, Señor, por ese oasis en el que viví con vos cuando te conocí, pero ya no lo añoro, al menos no tan intensamente. Guiame en los momentos de aridez y ayudame a hacer fructificar los dones que me diste.